espacios públicos

| Por Javier Herrera @comegats |

Por Luis Alberto Elías Lara -

Al hablar de espacios para el arte, uno piensa inmediatamente en museos y galerías a pesar de encontrarnos inmersos la mayoría del tiempo en un ambiente artístico sin siquiera darnos cuenta. La arquitectura y los monumentos están presentes en todo México y el mundo, y es poca la atención que el habitante de la ciudad les pone como objeto artístico porque siempre han estado ahí. Obras como murales, esculturas, columnas o relieves son parte de la vida diaria. Estos monumentos junto a los que pasamos todos los días se convierten incluso en símbolos de ciudades y países, lo que significaría que el arte puede formar parte de nuestra identidad vinculada a los sitios en que nos desenvolvemos.

El arte citadino también es elaborado por las empresas o instituciones con fines publicitarios. Ciertas marcas, buscando causar un efecto estético en el consumidor para llamar su atención, realizan grandes campañas publicitarias mediante carteles o modificaciones de los espacios públicos donde se exhiben imágines y frases que sacan al espectador de su cotidianidad o tienen que ver más con una actitud hacia la vida que con el producto que promocionan, pero que gracias al gusto que la publicidad provoca, es fácil relacionar la campaña con la marca. Un ejemplo de intervención en México son las alas que le pusieron al edificio de la Lotería Nacional ubicado en la avenida Reforma de la Ciudad de México, añadidas durante una campaña publicitaria en 2007, o los happenings en la Alameda Central y la explanada del Palacio de Bellas Artes para la promoción de la película El fin de los tiempos en 2008.

Por otro lado, no todas las intervenciones a espacios públicos son grandes obras gubernamentales o publicitarias. Debido a que los espacios “formales” de exhibición artística son poquísimos en comparación con la descomunal cantidad de artistas que buscan una oportunidad para mostrar su trabajo, resulta obvio que la mayoría de ellos permanezca en el más absoluto anonimato. Ante tal problemática, se han buscado espacios alternativos para la exposición de obras donde los límites impuestos por las galerías y museos queden de lado. Por supuesto, una de esas opciones es llevar el arte a la calle.

Ya hace bastantes años que los festivales de arte callejero comenzaron a surgir alrededor del mundo, y con ellos nace el concepto de obras efímeras. El artista debe considerar que al exponer su obra en un espacio público, ésta se verá afectada irremediablemente por el clima, y más importante, por el mismo espectador como una reacción ante la obra, que nunca está acabada, y entonces el espectador se convierte en parte de la evolución de la pieza artística. Un ejemplo es el festival La muerte en cartelera celebrado el Día de muertos en la ciudad de Guanajuato, donde artistas nacionales y algunos extranjeros mandan obras para exponerse al aire libre hasta que el clima o el público las convierta en basura. Otro ejemplo no tan interactivo es el Paseo de la Reforma en el DF, adecuado comúnmente como galería pero donde la intervención del espectador no está permitida.

Una muestra de intervención artística sin fines publicitarios ha sido La serpiente del metro, un happening montado en 1995 por Marcos Kurtycz, perteneciente a Ex Teresa Arte Actual. Kurtycz se dirigió al Zócalo de la Ciudad de México (descalzo y con el torso desnudo) donde instaló unas estructuras con bolsas de plástico pintadas con caras, y que al inflarse con el aire de las ventilas del metro, simulaban el movimiento de las personas al viajar por este medio de transporte.

Son muchísimos los ejemplos y las variantes de realizaciones artísticas en espacios públicos y en contacto directo con el espectador. En todo el mundo surgen constantemente nuevas formas de expresión cuya tendencia es presentarse en las plazas y calles, ya que una de las motivaciones para que el artista invada un lugar público es que la gente reaccione ante la obra y forme parte de ella. La reacción surge porque la extrañeza le es evidente, a diferencia de la arquitectura de la ciudad que le es común. De una forma u otra, común o extraño, en interiores o exteriores, el arte está por todos lados.

Artículo Curado por Martín Vázquez He_
arteycultura@revistadime.com
-